Foro Hermano
The Experiment
Conectarse

Recuperar mi contraseña

Staff
Pasos a Seguir
Afiliados
Photobucket
Estación del Año
Últimos temas
» In a New World [Slash,+18] [Normal]
Lun Feb 14, 2011 11:48 pm por Invitado

» Clash of the Legions | Normal |
Miér Feb 02, 2011 6:38 am por Invitado

» St Lawrence School {Normal;;*}
Vie Ene 21, 2011 6:57 am por Invitado

» La tua cantante {Normal}
Mar Ene 11, 2011 1:15 pm por Invitado

» Personajes Pre-Determinados | Mujeres.
Vie Ene 07, 2011 8:19 am por Jani Foster.

» Close Your Eyes {Recién Abierto | Normal)
Jue Ene 06, 2011 10:02 pm por Invitado

» Anota mis fantasías [+18 - Patrick S. Westcott]
Miér Ene 05, 2011 11:36 pm por Pier B. Gerlofs

» #2502, The Undisclosed Desires in Your Heart.
Miér Ene 05, 2011 6:49 pm por Charlotte A. Sinclair

» Registro de Avatar
Miér Ene 05, 2011 6:17 pm por Charlotte A. Sinclair

¿Quién está en línea?
En total hay 1 usuario en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 1 Invitado

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 10 el Dom Feb 06, 2011 8:10 pm.
Estadísticas
Tenemos 8 miembros registrados.
El último usuario registrado es Chris Payne-Franklin.

Nuestros miembros han publicado un total de 48 mensajes en 39 argumentos.

Pier B. Gerlofs

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Pier B. Gerlofs

Mensaje  Pier B. Gerlofs el Miér Dic 29, 2010 5:26 am

Nombre Completo:
Pier Búsket Conrad Gerlofs Donia

Alias:
Para algunos, simplemente Pier. Patrick suele llamarlo "Bebé", otros le dicen Baby Face, y también, y para su molestia, Doggy (Perrito, en su defecto).

Edad:
25 años

Fecha de nacimiento:
26 | 12 | 1985

Nacionalidad:
Holandés

Sexualidad:
Bisexual

Sentencia por:
Asesinato

---------------------------------------------

Descripción física:
Spoiler:

Falso y hasta vulgar, el cabello se muestra rubio y con expuestas raíces -castañas, como es natural- que le dan algún tipo de estilo que no arruina su imagen, y por las que adquiere incluso un toque más rudo y descuidado, sumado al descuidado largo que queda por encima de la nuca, mas este aspecto es el resultado de una apuesta tonta y perdida. Tez pálida, rasgos redondos y bien delineados, que se acentúan especialmente en la nariz, respingada, acompañada por los bellos grises que a veces, y por los matices, se observan incluso azulados.

Fanático del kick boxing, el ambiente le ha hecho desarrollar músculos definidos, además de una figura más ajustada de la que antes tenía. Clavículas cercanas, hombros no muy amplios, brazos largos, piernas delgadas. No es muy alto, a penas alcanza el metro setenta y seis de estatura. Al interior de las muñecas, tatuajes con motivos sin mucho significado más que el decorativo.

En seriedad, la faz se observa prepotente, ruda, como si fuese a saltar sobre cualquiera que le pase a llevar con el hombro, que insinúe algo a su pareja, pero no, tiende a ser sonriente, mostrando sin miedo y en divertido gesto los dientes parejos e infantiles, blancos y de apariencia hasta lechosa, como si nunca hubiese sido un infante desdentado.

Descripción psicológica:
El infantilismo destaca graciosamente en la personalidad de Pier, con gran carisma, rara vez tiende a inhibirse frente a una acción, capaz de hacer hasta las más ridículas imitaciones, risueño y juguetón, por naturaleza alocado y volátil. Llevarle la contraria no suele ser buena idea, y aunque hace falta algo más que eso para ponerlo agresivo, es el primer paso. Siempre imprudente y arriesgado, lo más común es que actúe antes de pensar. Y muy contrario a esto último, se le nota perfeccionista, neurótico con el orden de las cosas. Si es quién está al mando, la espontaneidad y su afán de que todo esté bien lograrán que luzca como un buen líder.

Hace malas caras a la irresponsabilidad, la rebeldía injustificada, la poca toma de consciencia y la flojera. Sus momentos de madurez -más bien, sus intentos-, aparecen seguido, siempre acostumbrado a tomarse todo lo sentimental muy enserio, el modo en que sus emociones se expresan es el motivo por el cual es tachado de inmaduro, y lo es. Lo sabe.

Si se lo propone, sin dificultad alguna hace enfadar. Charla, pero no con cualquiera, y es que, infantil o impulsivo, es reservado, llegando a incomodarse cuando alguien de poca confianza se atreve a interrogarle sobre temas que considera netamente privados. Sabe mantener al mundo a raya en ese aspecto.

De gran gracia como pareja. Cree en que el amor debe conservarse, por lo que no se inmuta más de lo prudente a la hora de demostrarlo. Detallista, aprecia las cosas simples y tontas. Es de corazón fiel, mas resignado a forzar a veces a la carne para no quedar como un tonto junto al hombre con quién lleva muchos años. Incapaz de falsear muchas actitudes, en varias oportunidades es más sincero que orgulloso, y eso daña a este último nombrado. El tiempo se le pasa demasiado lento cuando no tiene nada que hacer y está sólo o con quién no quiere. La espera lo molesta. No es un buen consejero, para nada sabio. Mejor cierra la boca y ya. Celoso y posesivo, trata de disimularlo, aunque no llega a resultarle siempre.

Manías:
La principal: Pasarse la lengua por los labios, como si quisiera mojarlos o comenzar a modular mejor, a veces tan lento que hasta parece coqueto.
Nervioso, tiende a acariciarse el cuello, y triste, baja un poco la cabeza, y se acaricia la frente. El desorden en su espacio hace que se ponga algo tenso.

Historia:
Nacido y críado en Frisia, Holanda, Pier Búsket Conrad Gerlofs Donia -nombrado con orgullo por su madre- sólo conocía de tranquilidad y justicia, sin ser capaz de cometer maldad alguna, más que por inocencia de niño. Casi con quince años, vio como su familia se deshacía, por la separación de su padres, que, aunque hubo un tiempo en el que se amaron con locura, no hallaron modo de salvar lo que tenían, y su hijo tampoco fue excusa.

Perdido en la estación de tren, dispuesto a alejarse de su madre, siendo que su padre ya se había marchado de casa, y por el motivo de que la mujer parecía ya no quererlo como antes, se encontró con un hombre, que sería su guía, Patrick Sean Westcott. En sus gloriosos cuarenta y tantos, el maduro hombre no tuvo incoveniente en ayudar al chiquillo a encontrar su camino a dónde huía, mas esa amabilidad no bastó para Pier, quién se vio muy dispuesto a saber más, llegando inclusive a coquetear en alguna oportunidad, y con torpeza adolescente con el mayor.

A los quince era un juego inocente, a los dieciseis las cosas se tornaron más serias, con una confesión por parte del joven, en la que aseguraba que nunca sintió algo así por nadie, claro, ningún hombre antes ni después, logró descolocarlo tanto en cuánto a sus sentimientos, y ninguna chica logró calar tan porfundo en su corazón. Tristemente, no recibió la respuesta que quería. A los diecisiete, las cosas se concretaron, de algún modo. Lamentablemente, fue atrapado junto a Patrick, e incluso si no llegó a nada, la situación agravó una condena no cumplida de Patrick por diferentes acciones pasadas.

Cadena perpetua ¿Cómo no se mató en el mismo instante en que supo que no vería libre nunca más a Patrick? ¿Qué acaso no había modo de apelar a su salida? Una vez más se sintió perdido, pero ahora no hubo quién le ayudase. La solución que buscó al problema le pareció sencilla, amaba demasiado como para que las cosas fueran así, y sabía un modo poco ortodoxo para verse de nuevo y sin nada de por medio con el hombre.

Fue sencillo, un bien consumado robo a un tienda, algo violento, cuando ni si quiera deseó el botín que un ladrón cualquiera querría, pero lo consiguió, un montón de dinero entre sus dedos, y una apenas magullada vendedora, que exageró un poco su versión de los hechos. Para su desgracia, dio a parar a la correccional. Aun faltaba casi un para que fuese mayor de edad, y la magnitud de su delito no fue lo suficientemente grande que aspirase a algo como prisión.

En dos meses se arrepintió. No, no dejó de desear verlo, mas comenzó a pensar en otras vías, mucho más honestas, para hallar a Patrick. Trató de aprovechar el tiempo de encierro, e informados de esto, sus padres no desearon tomarse la molestia de visitarlo. Un abandono que le marcó un poco, haciéndolo un poco más aprensivo. Inmaduro, sólo deseaba con fervor conseguir la compañía de Patrick, como una obsesión enfermiza, que mutó en serio amor cuando el teléfono sonó para él. Nunca ocurrió antes, y la voz que escuchó al otro lado de la línea le estremeció del todo. Pálido, la mano de un joven hombre le sacudió ligeramente por el hombro, logrando así que respondiera, con una sonrisa inmensa. Sí, él también lo quería, lo extrañaba, que lamentaba haber hecho lo que hizo, mas fue un impulso de niño, que odiaba ese lugar, porque no le trataban bien. Y así, largo rato, le informó de todo lo que pudo, Patrick, trataré de sacarte, cuando sepa cómo, promesas que jamás podría cumplir, porque el destino daría un giro brutal.

Reactivado, al día siguiente fue abordado por el mismo joven que le sacudiría el hombro para que reaccionase. Más o menos al atardecer, en los vacíos pasillos que daban a lugares como la biblioteca, rancia en lectura, daba motivos para no ser visitada. Forcejeó un poco, perplejo cuando se dio cuenta de que no era una broma, y lejos de verse intimidado, se zafó del molesto hombre, sin darle el privilegio de conseguir si quiera una caricia certera.

Lo miró por sobre el hombro cuando se marchaba, con ojos amenazantes, encendidos por la fuerza que siempre le haría casi del todo indoblegable. Sólo las manos adecuadas pueden conseguir algo así. La primera amenaza no sería suficiente, varíos encuentros de esos continuarían, y cada vez parecía que algo cambiaba. La fuerza del agarre, con cada negativa las cosas se volvían más violentas, él mismo tuvo que aplicar la brutalidad, en ocasiones, cuando no bastó con el forcejo que para salvarse. En más de una ocasión se vio severamente castigado por armar alboroto, golpeando a un funcionario intachable de la correccional.

Faltaban dos meses para terminar la condena, sólo eso para salir de aquel pequeño infierno de violencia entre jóvenes y de abuso por parte de los controladores. No hizo ningún amigo, extrañamente. Un día seguido de malos ratos. Comenzando la mañana con una llamada de su madre, que había hablado con su padre, ya no le ayudarían, le habían abandonado del todo. Lo que más le dolió fue entenderlos. Después de almuerzo, se envolvió en una pelea a puñetazo limpio, no fue quién comenzó, e igual pasó encerrado en detención unas tres horas. Solo, el culpable consiguió hacer que se llevara todo el mal crédito. Harto, estuvo a punto de escaparse del salón aquel, cuando todo empeoró. Se hizo presente, como en sus peores pesadillas, el deseoso hombre, que por su puesto, no tardó en arremeter contra Pier. Fue algo bastante ruidoso. El chiquillo rodó por el suelo y gateó hasta la pared antes de alcanzar a ponerse de pie, atemorizado ya por la decisión en los ojos del agresor, y por la navaja que portaba en la mano. De esa no se salvaba, pensó.

Las cosas se le salieron de las manos, tardó en recuperar la lucidez, cuando derribó de una patada en el estomago al hombre, haciendo que diera contra el inmobiliario y que perdiera su arma. Corrió hacia esta, y cuando la tomó, ya tenía de nuevo al tambaleante ser encima, pero las cosas se dieron, la navaja quedó perfectamente encajada en el torax ajeno, en los pulmones. Con algo de pánico, la sacó, y antes de recibir un escupitajo sangriento, ya le había enterrado un par de veces el cuchillo en la espalda. Con la ropa ensangrentada, lo vio caer, y como la peor de las suertes, se abría en ese mismo instante la puerta. Es fácil imaginar el resto.

Apelando a la defensa propia, terminó condenado a treinta años de prisión.

Así fue a parar a la cárcel, un mundo totalmente desconocido. No podía ser todo tan malo. Escuchó, a su llegada y tras las rejas del patio, seguido de otros nuevos prisioneros, diferentes obsenidades, mientras recorría rostros. Se le heló la sangre y detuvo a la fila cuando se topó con Patrick. No sabía si estar demasiado feliz o demasiado avergonzado. Pero bajó la cabeza, y siguió caminando. El proceso se le hizo eterno, y le tomó horas verlo al fin, sin esposas en las manos. Un golpe del hombre casi le parte la mandíbula, aunque sabía que se lo merecía. Ese fue el comienzo del saludo, después le beso con fuerza, como si hubiesen resucitado al mayor. Lloró, emocionado de verlo de nuevo, y nervioso por las nuevas circunstancias. Se aferró a él, cuando al fin pudo amarlo del todo, y se sintió mejor, porque al menos no le había entregado a nadie algo que quería compartir sólo con quien era ahora el absoluto dueño de su corazón.

El tiempo pasó, su condena por asesinar creó a su alrededor respeto, algo incómodo. Nadie duda ya lo que mantiene con Patrick, y todo mundo lo sabe suyo, porque eso quedó claro pronto. Permanece en la celda junto a él, y ha aprendido a amarle como corresponde, sin perder jamás la actitud infantil y alocada. Tal es, que accedió a apostar que podía ganar un juego de ajedrez. No lo hizo, y terminó con el cabello decolorado y bastante corto.

Otros:

  • Cada mañana se da el tiempo de prácticar la disciplina que ya domina: Kick boxing.
  • En su primera vez con Patrick -ya hace ocho años- le dejó una perfecta marca de dientes en el hombro.
  • Sabe tocar instrumentos populares.
  • Le gustan los perros.
  • Se ha tomado su tiempo para declararle expresa y directamente su amor a Patrick, aunque es lógico que lo siente, no lo ha dicho textual.

avatar
Pier B. Gerlofs

Mensajes : 5
Edad : 31
Localización : On the Cage

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.